Tristeza

(from https://sites.google.com/a/unc.edu.pe/laurabazan/desarrollo-personal/mi-querida-tristeza , not sure where did she find it)

Mi querida tristeza
De ti he aprendido que sentirme triste NO es malo; es inevitable. Es necesario. En la vida hay momentos maravillosos y momentos terribles; …tú has aparecido con los segundos. Perdí a personas, dejé atrás etapas, abandoné sueños. Me has acompañado cuando tuve que despedirme de todo aquello que se fue de mi vida. Por ello, te doy las gracias.

Tú me retuviste mientras no podía hacer otra cosa más que llorar y, cuando estuve preparada, dejaste que siguiera mi camino. Aprendí que las cosas llevan su tiempo; aprendí a ir más despacio, más tranquila, más reflexiva.

En cada momento de dolor, luché para salir adelante. Y así supe que la tristeza no implica debilidad; cuánto daño ha hecho la expresión “llorar es de débiles”; al contrario, las personas más débiles son aquellas que no son capaces de afrontar sus sentimientos. Hay que ser muy fuerte para mirar a nuestro dolor a los ojos y dejar que fluya. Hay que ser muy fuerte para superar la tristeza y recuperar la alegría. Eso sí que es de personas fuertes.

Aprendí que eres un sentimiento intransferible; que el camino que se recorre junto a ti, nadie podía recorrerlo por mí. Nadie.

Pero también aprendí que el dolor compartido, duele menos; que aunque hay caminos que debes recorrer tú mismo, hay gente te quiere y que está dispuesta a acompañarte. Qué compartir alegrías es la sal de la vida, pero que compartir las penas llena el alma.

Es en los momentos de tristeza cuando aprendes a distinguir las relaciones auténticas de las superficiales. En lo bueno está todo el mundo, pero en lo malo, sólo unos pocos se quedan.

Y un día supe que debías irte, tristeza. Aunque agradezco tu ayuda, sé que no quiero convivir siempre contigo . No quiero una vida llena de tristezas y pesares, sino todo lo contrario.

Aprendí que si permaneces durante demasiado tiempo con la tristeza, corres el riesgo de acostumbrarte a ella. Sé que debes ser una visita breve y que debo invitarte a marchar antes de que te sientas demasiado cómoda.

Así que he aprendido a valorar la vida. Que la felicidad está en los instantes que saben apreciarse y agradecerse. Los pequeños detalles, las sorpresas agradables. La familia. Compartir unas risas con amigos. En realidad, compartir cualquier cosa. Leer un buen libro. Una comida rica. Aceptar a las personas como son. Ser capaz de querer y de dejarme querer… Si sabes apreciar los pequeños momentos de la vida, la felicidad siempre te rondará.

Y lo más importante, aprendí que ser feliz no significa vivir sin sentimientos angustiosos. No se puede. Debemos tomar conciencia de todas y cada una de nuestras emociones, agradecer su ayuda y despedirnos de ellas cuando su momento haya pasado.

Y es que vivir es sentir. Y hay que aprender a sentir…

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